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martes, 17 de mayo de 2011

Maitena horóscopos


sábado, 14 de mayo de 2011

Buscando el bienestar


Extracto del libro de Carlos Castaneda: "Viaje a Ixtlan"

-"¿Quiere usted decir entonces, don Juan, que el soñar es real?
-Claro que es real.
-¿Tan real como lo que estamos haciendo ahora?
-Si se trata de hacer comparaciones, yo diría que a lo mejor es más real. En el soñar tienes poder; puedes cambiar las cosas; puedes descubrir incontables hechos ocultos; puedes controlar lo que quieras.

-Tú no sabes lo que es el bienestar porque nunca lo has sentido -dijo.

Yo no estuve de acuerdo. Pero él siguió argumentando que el bienestar era un logro que debía buscarse deliberadamente. Dijo que lo único que yo sabía buscar era un sentimiento de desorientación, malestar y confusión.

Rió con burla y me aseguró que, para lograr la hazaña de sentirme desdichado, yo debía trabajar en forma muy intensa, y que era absurdo el que nunca me hubiera dado cuenta de que lo mismo podía trabajar para sentirme completo y fuerte.

-El chiste está en lo que uno recalca -dijo-. O nos hacemos infelices o nos hacemos fuertes. La cantidad de trabajo es la misma".



jueves, 12 de mayo de 2011

Respira


No importa tu edad ni tu condición
Porque nunca es tarde para volver a empezar o para iniciar un camino
Deja que entre un poco de aire fresco a tu vida.
Nunca es tarde para empezar, porque la vida empieza cada nuevo día


miércoles, 11 de mayo de 2011

Las promesas olvidadas



Hay algo de lo que hace tiempo quería hablaros: de los compromisos que adquirimos a lo largo de la vida. Puede que tú no te acuerdes pero igual hace mucho tiempo prometiste no volver a desear algo para que no te sintieras mal al perderlo, … 

Puede ser que te dijeras algo de niño, o más adelante según te hacías mayor.
Esa promesa que te hiciste a ti mismo continúa vigente aunque no la recuerdes. 

Quizás te estés boicoteando en el amor, en el trabajo, con los amigos, con tu salud… Y resulta que inconscientemente sólo estés actuando según esa directriz.

Sumérgete en la memoria para descubrir qué promesa te hiciste. Quizás en ese momento te sirvió pero ya no te sirve, y tienes que desprogramarte.
Para eso primero tienes que encontrar esas promesas que te hiciste.

Josephine Wall

 Quizás tu mente lógica ya la ha desechado, pero tu subconsciente la tiene presente. Así que sácala a tu presente para poderla cambiar.

Algunos al leer esto, se han permitido un tiempo de retroceso y les está llegando ya su propia información, apúntalo rápido para que no se te olvide. 

Ese recuerdo, ese instante, esa conversación o esa imagen. Luego le darás vueltas. ¿En qué consistió?, ¿qué suceso pasó?, ¿qué pensaste?, ¿qué sentiste?, ¿qué te prometiste?.
Si ya sabes tus promesas piensa en qué situaciones se vuelven a manifestar, o en lo que vives si se cumple. Tómate tu tiempo, tienes tus notas para seguir apuntando y escribiendo, según se te ocurra, según estés tranquilo para pensarlo.


Si no te viene ninguna apunta esas cosas de tu vida que crees que fallan o de las que estás insatisfecho, de las que crees que falta algo.
Escribe breve y corto, pocas palabras te bastarán para definirlo.

Ante eso espera a ver qué sucesos de tu vida te vienen a la mente. Vuelve a vivirlos desde la seguridad de tu presente, desde la tranquilidad de saber que ya pasaron y de que guardan un aprendizaje, una lección, una forma de entender el mundo.

Con uno te viene otro y otro y otro, apuntas palabras de cada uno de ellos y edad que tenías aproximada.
Sigues hacia atrás.

Los que estén bloqueados vuelve a construirlos, si te hace falta volviendo a decir las cosas, vocalizando lo que veas, lo que recuerdas.


Al fín se detiene en uno, el origen. Ahora puedes ver cuál es el nexo en común de todos ellos, si no lo ves claro no te preocupes, tu mente ya lo sabe aunque no te lo muestre. Las notas te permitirán verlo más adelante.

En esa situación te hiciste una promesa: ¿cuál es?

Era no lloraré más, no gritaré más, no dejaré que los demás me digan lo que tengo que hacer, haré todo lo que me digan, si quiero que me quieran tengo que aguantar cualquier cosa, no aguantaré lo que no quiera, nunca tendré mucho dinero, haré lo que sea por tener dinero, jugaré con la gente, no haré nada porque las cosas no cambian, lucharé porque todo cambie, tengo que hacer las cosas sol@ para que funcionen confiaré solo en mí, …

Quizás fue sólo un razonamiento que te diste a ti mism@ pero que lo sentiste vívidamente como real, así le diste fuerza y lo convertiste en promesa, una promesa contigo mismo. Quizás se lo hiciste a otra persona: tu madre, tu padre, un herman@, un amig@, una pareja.

 Siempre estaré contigo, siempre te protegeré, te nutriré, nunca amaré a otr@,...

Esas promesas valían en su momento, era la expresión de una emoción, una sensación, un cariño. ¿Te han estado limitando o sientes que te limitan ahora?, ¿ De qué modo?.

Si no son justas para ti, no son justas tampoco para la otra persona.

Es hora de limpiarlas, de descubrirlas y decirlas: gracias, ahora ya no me valéis. Yo ya he aprendido la lección o quizás no pero he conocido esa forma de proceder y ahora tengo otras que aprender.

Ahora yo prometo quererme y cumplir los anhelos de mi alma para tratarme con respeto y justicia.

Escríbete tu propia promesa, la que te parezca más indicada pero que no sea limitante; que no limite el libre albedrío de los demás ni el tuyo propio.

No te preocupes tampoco si estás cerrando campos, porque ahora probablemente no eres capaz de verlos; si crees que es buena después de darle un par de vueltas pues es la que te vale. 
Ya descubrirás en la próxima revisión qué fallo tenía. 
Al fin y al cabo nos hacemos promesas sin saberlas (se distinguen porque se une el corazón y la mente en su origen: razonamiento con fuerte emoción y voluntad de cumplimiento). 

Y las descubrimos cuando nos molestan porque siempre queremos clasificar el mundo para sentirnos seguros en la inmovilidad, es cuando queremos movernos que nos estorban.

Si crees que no tienes ninguna, ¡oye quizás no la tengas!, ¡felicidades!, o quizás no te entorpecen…