Buscar este blog

lunes, 30 de mayo de 2011

Lo que nos diría Dios según Spinoza


Venía en un artículo de Viajes Sagrados y es para echarle un vistazo, sonreir y salir a la calle a lograr lo que quieras:
"Este es el Dios o Naturaleza de Spinoza:
Dios hubiera dicho:
“ Deja ya de estar rezando y dándote golpes en el pecho!
o que quiero que hagas es que salgas al mundo a disfrutar de tu vida.
 Quiero que goces, que cantes, que te diviertas y que disfrutes de todo lo que he hecho para ti.
 los ríos, los lagos, las playas. Ahí es en donde vivo y ahí expreso mi amor por ti.
Deja ya de culparme de tu vida miserable;
yo nunca te dije que había nada mal en ti o que eras un pecador, o que tu sexualidad fuera algo malo.
 El sexo es un regalo que te he dado y con el que puedes expresar tu amor, tu éxtasis, tu alegría.
Así que no me culpes a mí por todo lo que te han hecho creer.
Deja ya de estar leyendo supuestas escrituras sagradas que nada tienen que ver conmigo.
Si no puedes leerme en un amanecer, en un paisaje, en la mirada de tus amigos, en los ojos de tu hijito…
¡No me encontrarás en ningún libro! Confía en mí y deja de pedirme.
¿Me vas a decir a mí como hacer mi trabajo? Deja de tenerme tanto miedo.
 Yo no te juzgo, ni te critico, ni me enojo, ni me molesto, ni castigo.
Yo soy puro amor. Deja de pedirme perdón, no hay nada que perdonar.
Si yo te hice… yo te llené de pasiones, de limitaciones, de placeres, de sentimientos, de necesidades, de incoherencias… de libre albedrío
¿Cómo puedo culparte si respondes a algo que yo puse en ti? ¿Cómo puedo castigarte por ser como eres, si yo soy el que te hice? ¿Crees que podría yo crear un lugar para quemar a todos mis hijos que se porten mal, por el resto de la eternidad?
 ¿Qué clase de dios puede hacer eso?
Olvídate de cualquier tipo de mandamientos, de cualquier tipo de leyes; esas son artimañas para manipularte, para controlarte, que sólo crean culpa en ti.
Respeta a tus semejantes y no hagas lo que no quieras para tí. Lo único que te pido es que pongas atención en tu vida, que tu estado de alerta sea tu guía.
Amado mío, esta vida no es una prueba, ni un escalón, ni un paso en el camino, ni un ensayo, ni un preludio hacia el paraíso.
Esta vida es lo único que hay aquí y ahora y lo único que necesitas.
Te he hecho absolutamente libre, no hay premios ni castigos, no hay pecados ni virtudes, nadie lleva un marcador, nadie lleva un registro.
Eres absolutamente libre para crear en tu vida un cielo o un infierno.
No te podría decir si hay algo después de esta vida, pero te puedo dar un consejo.
Vive como si no lo hubiera. Como si esta fuera tu única oportunidad de disfrutar, de amar, de existir.
 Así, si no hay nada, pues habrás disfrutado de la oportunidad que te di.
Y si lo hay, ten por seguro que no te voy a preguntar si te portaste bien o mal, te voy a preguntar ¿Te gustó?… ¿Te divertiste?… ¿Qué fue lo que más disfrutaste? ¿Que aprendiste?…
Deja de creer en mí; creer es suponer, adivinar, imaginar.
Yo no quiero que creas en mí, quiero que me sientas en ti.
 Quiero que me sientas en ti cuando besas a tu amada, cuando arropas a tu hijita, cuando acaricias a tu perro, cuando te bañas en el mar.
Deja de alabarme, ¿Qué clase de Dios ególatra crees que soy? Me aburre que me alaben, me harta que me agradezcan.
¿Te sientes agradecido? Demuéstralo cuidando de ti, de tu salud, de tus relaciones, del mundo.
¿Te sientes mirado, sobrecogido?… ¡Expresa tu alegría! Esa es la forma de alabarme.
Deja de complicarte las cosas y de repetir como perico lo que te han enseñado acerca de mí.
Lo único seguro es que estás aquí, que estás vivo, que este mundo está lleno de maravillas.
¿Para qué necesitas más milagros? ¿Para qué tantas explicaciones? No me busques afuera, no me encontrarás.
Búscame dentro… ahí estoy, latiendo en ti".

martes, 24 de mayo de 2011

La vida es un constante reto 2



Extracto de "Viaje a Ixtlan" de Carlos Castaneda. No pongo en cursiva para favorecer su lectura.




-¿Se le ha ocurrido alguna vez, don Juan, que a lo mejor no quiero cambiar?


-Sí, se me ha ocurrido. Yo tampoco quería cam­biar, igual que tú. Sin embargo, no me gustaba mi vida; estaba cansado de ella, igual que tú. Ahora no me alcanza la que tengo.


Afirmé con vehemencia que su insistente deseo de cambiar mi forma de vida era atemorizante y arbitra­rio. Dije que en cierto nivel estaba de acuerdo, pero el mero hecho de que él fuera siempre el amo que decidía las cosas me hacía la situación insostenible.


-No tienes tiempo para esta explosión, idiota -dijo con tono severo-. Esto, lo que estás haciendo ahora, puede ser tu último acto sobre la tierra. Pue­de muy bien ser tu última batalla. No hay poder capaz de garantizar que vayas a vivir un minuto más.


-Ya lo sé -dije con ira contenida.
-No. No lo sabes. Si lo supieras, serías un ca­zador.


Repuse que tenía conciencia de mi muerte inmi­nente, pero que era inútil hablar o pensar acerca de ella, pues nada podía yo hacer para evitarla. Don Juan río y me comparó con un cómico que atraviesa mecánicamente su número rutinario.


 -Si ésta fuera tu última batalla sobre la tierra, yo diría que eres un idiota -dijo calmadamente-. Es­tas desperdiciando en una tontería tu acto sobre la tierra.


Estuvimos callados un momento. Mis pensamien­tos se desbordaban. Don Juan tenía razón, desde luego.


-No tienes tiempo, amigo mío, no tienes tiempo. Ninguno de nosotros tiene tiempo -dijo.
-Estoy de acuerdo, don Juan, pero...
-No me des la razón por las puras -tronó-. En vez de estar de acuerdo tan fácilmente, debes actuar. Acepta el reto. Cambia.
-¿Así no más? .




-Como lo oyes. El cambio del que hablo nunca sucede por grados; ocurre de golpe. Y tú no te estás preparando para ese acto repentino que producirá un cambio total.


Me pareció que expresaba una contradicción. Le expliqué que, si me estaba preparando para el cam­bio, sin duda estaba cambiando en forma gradual.


-No has cambiado en nada -repuso-. Por eso crees estar cambiando poco a poco. Pero a lo mejor un día de éstos te sorprendes cambiando de repente y sin una sola advertencia. Yo sé que así es la cosa, y por eso no pierdo de vista mi interés en convencerte.


No pude persistir en mi argumentación. No estaba seguro de qué deseaba decir realmente. Tras una corta pausa, don Juan reanudó sus explicaciones.


-Quizás haya que decirlo de otra manera -dijo-. Lo que te recomiendo que hagas es notar que no te­nemos ninguna seguridad de que nuestras vidas van a seguir indefinidamente. Acabo de decir que el cambio llega de pronto, sin anunciar, y lo mismo la muerte. ¿Qué crees que podamos hacer?


Pensé que la pregunta era retórica, pero él hizo un gesto con las cejas instándome a responder.


-Vivir lo más felices que podamos -dije.
-¡Correcto! ¿Pero conoces a alguien que viva feliz?


Mi primer impulso fue decir que sí; pensé que po­día usar como ejemplos a varias personas que cono­cía. Pero al pensarlo mejor supe que mi esfuerzo sería sólo un hueco intento de exculparme.


-No -dije-. En verdad no.




-Yo sí -dijo don Juan-. Hay algunas personas que tienen mucho cuidado con la naturaleza de sus actos. 
Su felicidad es actuar con el conocimiento pleno de que no tienen tiempo; así, sus actos tienen un poder peculiar; sus actos tienen un sentido de...


Parecían faltarle las palabras. Se rascó las sienes y sonrió. Luego, de pronto, se puso de pie como si nuestra conversación hubiera concluido. Le supliqué terminar lo que me estaba diciendo. Volvió a sentarse y frunció los labios
.
Los actos tienen poder -dijo-. Sobre todo cuan­do la persona que actúa sabe que esos actos son su última batalla. 
Hay una extraña felicidad ardiente en actuar con el pleno conocimiento de que lo que uno está haciendo puede muy bien ser su último acto sobre la tierra. 
Te recomiendo meditar en tu vida y contemplar tus actos bajo esa luz.


-Yo no estaba de acuerdo. Para mí, la felicidad consistía en suponer que había una continuidad in­herente a mis actos y que yo podría seguir haciendo, a voluntad, cualquier cosa que estuviera haciendo en ese momento, especialmente si la disfrutaba. 


Le dije que mi desacuerdo, lejos de ser banal, brotaba de la convicción de que el mundo y yo mismo poseíamos una continuidad determinable.


Don Juan pareció divertirse con mis esfuerzos por lograr coherencia. Rió, meneó la cabeza, se rascó el cabello, y finalmente, cuando hablé de una "conti­nuidad determinable", tiró su sombrero al suelo y lo pisoteó.
Terminé riendo de sus payasadas.


-No tienes tiempo, amigo mío -dijo él-. Ésa es la desgracia de los seres humanos. Ninguno de nos­otros tiene tiempo suficiente, y tu continuidad no tiene sentido en este mundo de pavor y misterio.


"Tu continuidad sólo te hace tímido. 
Tus actos no pueden de ninguna manera tener el gusto, el po­der, la fuerza irresistible de los actos realizados por un hombre que sabe que está librando su última ba­talla sobre la tierra. 
En otras palabras, tu continui­dad no te hace feliz ni poderoso."




Admití mi temor de pensar en que iba a morir, y lo acusé de provocarme una gran aprensión con sus constantes referencias a la muerte.
-Pero todos vamos a morir -dijo.


Señaló unos cerros en la distancia.
-Hay algo allí que me está esperando, de seguro; y voy a reunirme con ello, también de seguro. Pero a lo mejor tú eres distinto y la muerte no te está es­perando en ningún lado.


Rió de gesto de desesperanza.
-No quiero pensar en eso, don Juan.
-¿Por qué no?
-No tiene caso. Si está allí esperándome, ¿para qué preocuparme por ella?
-Yo no dije que te preocuparas por ella.
-¿Entonces qué hago?
Usarla. Pon tu atención en el lazo que te une con tu muerte, sin remordimiento ni tristeza ni pre­ocupación. Pon tu atención en el hecho de que no tienes tiempo, y deja que tus actos fluyan de acuerdo con eso. 
Que cada uno de tus actos sea tu última batalla sobre la tierra. 
Sólo bajo tales condiciones tendrán tus actos el poder que les corresponde. 
De otro modo serán, mientras vivas, los actos de un hom­bre tímido".




La vida es un constante reto


Extracto de "Viaje a Ixtlan" de Carlos Castaneda




-"No estamos hablando de lo mismo -dijo él-. Para ti el mundo es extraño porque cuando no te aburre estás enemistado con él. 
Para mí el mundo es extraño porque es estupendo, pavoroso, misterio­so, impenetrable; mi interés ha sido convencerte de que debes hacerte responsable por estar aquí, en este maravilloso mundo, en este maravilloso desierto, en este maravilloso tiempo. 
Quise convencerte de que debes aprender a hacer que cada acto cuente, pues vas a estar aquí sólo un rato corto, de hecho, muy cor­to para presenciar todas las maravillas que existen.
.
Insistí que aburrirse con el mundo o enemistarse con él era la condición humana.


-Pues cámbiala -repuso con sequedad-. Si no respondes al reto, igual te valdría estar muerto.


Me instó a nombrar un asunto, un elemento de mi vida que hubiera ocupado todos mis pensamien­tos. Dije que el arte. Siempre quise ser artista y du­rante años me dediqué a ello. Todavía conservaba el doloroso recuerdo de mi fracaso.


-Nunca has aceptado la responsabilidad de estar en este mundo impenetrable -dijo en tono acusa­dor-. Por eso nunca fuiste artista, y quizá nunca seas cazador.
-Hago lo mejor que puedo, don Juan.
-No. No sabes lo que puedes.
-Hago cuanto puedo.
-Te equivocas otra vez. Puedes hacer más. Hay una cosa sencilla que anda mal contigo: crees tener mucho tiempo.


 Hizo una pausa y me miró como aguardando mi reacción.
-Crees tener mucho tiempo -repitió.
-¿Mucho tiempo para qué, don Juan?
-Crees que tu vida va a durar para siempre.
-No. No lo creo.


-Entonces, si no crees que tu vida va a durar para siempre,
 ¿qué cosa esperas? 
¿Por qué titubeas en cambiar?"




Buscando el bienestar



Extracto del libro de Carlos Castaneda: "Viaje a Ixtlan"



-"¿Quiere usted decir entonces, don Juan, que el soñar es real?

-Claro que es real.

-¿Tan real como lo que estamos haciendo ahora?

-Si se trata de hacer comparaciones, yo diría que a lo mejor es más real. En el soñar tienes poder; puedes cambiar las cosas; puedes descubrir incontables hechos ocultos; puedes controlar lo que quieras.



-Tú no sabes lo que es el bienestar porque nunca lo has sentido -dijo.



Yo no estuve de acuerdo. Pero él siguió argumentando que el bienestar era un logro que debía buscarse deliberadamente. Dijo que lo único que yo sabía buscar era un sentimiento de desorientación, malestar y confusión.



Rió con burla y me aseguró que, para lograr la hazaña de sentirme desdichado, yo debía trabajar en forma muy intensa, y que era absurdo el que nunca me hubiera dado cuenta de que lo mismo podía trabajar para sentirme completo y fuerte.



-El chiste está en lo que uno recalca -dijo-. O nos hacemos infelices o nos hacemos fuertes. La cantidad de trabajo es la misma".





domingo, 22 de mayo de 2011

¿qué quieren las mujeres? de Maitena


Maitena es una argentina que ha editado muchos trabajos referentes a las incongruencias de la mujer y del hombre, siempre desde el humor inteligente.
Yo antes coleccionaba sus tiras (hasta que descubrí que no tenía sentido acumular lo que no usas).

De su éxito se ha hecho incluso una serie de televisión.

Maitena no falla nunca, si no pillas el chiste es que todavía no sabes reírte de tí mismo/a.

sábado, 21 de mayo de 2011

Lectura semántica


viernes, 20 de mayo de 2011

¿Estás en el sitio adecuado?



Las energías terrestres como fundamento de la vida (título de un capítulo de “Hágase la luz, Manos que curan 2” de Barbara Ann Brennan.

Bien, no es lo que creías pero ya que estás leyendo esto sigue porque igual te interesa. ¿Estás a gusto donde vives? Es importante que lo que tienes alrededor te reflejen, sean tu yo. Mira un poquito más lejos, tu vecindario, tu edificio, tu barrio, tu ciudad. ¿Estás a gusto, te sientes bien?, ¿Tienes alguna sensación de otro lugar al que tendrías que ir, en el que tendrías que vivir?.

Cada ciudad tiene una esencia (y cosa curiosa también un horóscopo). Cada lugar de la Tiera posee una combinación de energético: es complejo, viene determinado por las configuraciones geológicas orgánicas e inorgáticas (edificios, plantas, minerales), de todas las pasadas y las que existen ahora, de las sociedades y actividades que se realizaron y se realizan, del campo magnético de la tierra y de los otros planetas que interactúan como energías.


En el feng shui chino tienen en cuenta la geománcia para elegir la localización beneficiosa de una residencia así como el diseño interior.

Vamos a ponerlo más fácil: ¿eres de playa o de montaña?, ¿te gusta la lluvia o el sol?, ¿te afectan las estaciones?.

“Algunas personas se sienten mejor por naturaleza, cerca del mar o cualquier extensión de agua, otras más a gusto en las montañas y otras en un desierto. Algunos prefieren el calor y la claridad constantes del desierto, sin lluvias; y otros un tiempo húmedo. 

Las tormentas elécticas, el ozono previo a la lluvia y las precipitaciones cargan y ayudan a despejar el campo aural, haciendo que la energía fluya más rápido a través del mismo”.
Bienvenidos a los de Bilbao que de lluvia estamos sobrados. 


Quizás la diferencia de personalidad  norte – sur (rapidez-lentitud trabajando) que se suele apreciar en los países cercanos al ecuador  tenga también que ver en esto además de que el “ calor agote”.

“El mar también carga la energía del aire, el aire húmedo y salado carga el campo aural y despeja de las frecuencias bajas o densas. Un paseo por la playa hace que el campo aural se dilate”.

Muchas veces vamos “al sol” a recargarnos de energía, como es el ejemplo de las vacaciones playeras. Así lo expresamos también: vamos “a cargarnos las pilas”. Al ponernos al sol recibimos energía. Si llueve durante mucho tiempo y está nublado, menos te carga y más malhumorado te pones. Quizás de ahí la proverbial sequedad de la gente del norte y la alegría de los del sur (al final todo se compensa). ¿Recibes sol suficiente o excesivo?.


La autora recomienda de hecho, unos veinte minutos de luz solar al día para conservar un buen nivel de carga.

“La sobredosis de sol que causa quemaduras en nuestro cuerpo físico queman también el primer nivel del campo aural, ya que los rayos solares hacen que se rompa y se parta en pequeños fragmentos como un cristal hecho añicos.
 La protección solar sólo bloquea los rayos perjudiciales pero no impide que el sol cargue su campo aural”. Aunque parezca incongruente es porque el primer nivel está ligado estrechamente a nuestro cuerpo físico y lo que nos daña éste también daña el áurico.


“La naturaleza carga el campo aural y lo equilibran con su entorno. En los escenarios naturales inalterados, hallamos nuestra sincronía natural con las energías del planeta.

Pasar varias horas a la semana en la naturaleza restablece el equilibrio entre tu campo aural y las energías terrestres.”

“Los árboles de un pinar vibran en una frecuencia muy similar a la del campo aural humano”: estate en uno de esos bosques o recóstate sobre el tronco de un pino del parque todo el tiempo que lo necesites.

“Las montañas nos ayudan a sentir la fuerza del reino mineral y a arraigarnos en esa fuerza para impulsarnos a las máximas alguras de nuestra conciencia”.

“EL aire limpio de un desierto nos invita a extender nuestro campo a largas distancias y a sentirnos más grandes, y para algunos, incluso más capaces de cómo éramos antes”.


“Los jardines, huertos y plantas nos ayudan a conectarnos con la Tierra, y suministran frecuencias de energías que nutre nuestro campo manteniendo la energía de una casa cargada, limpia y saludable”. También así lo que comemos.

“Nuestras preferencias varían en función de qué es compatible con las energías de nuestro campo aural y cómo queremos que fluyan”.


“Todos tenemos una idea del lugar donde nos gustaría vivir si pudiéramos”. Muchas personas les gusta vivir donde crecieron porque recuerdan con orgullo los parajes de su juventud y reproducen la conexión cuerpo-mente de la infancia.
 Otras personas, quizás con una infancia más difícil, comprueban que nuevos horizontes les sienta mejor en determinados momentos de su vida, como grandes ciudades con convergencia de energías e ideas (y también más de las densas).


 Lo que es normal para una persona puede ser una energía muy bjaa o alta para otra. Si elegimos el lugar de residencia de una forma más consciente (donde te sientas bien), estaremos en equilibrio no sólo energéticamente sino con nuestros planes de vida.

De hecho es muy habitual que un cambio en la vivienda (por dentro o por fuera), permita un reequilibrio energético, y un cambio de la vida de la persona constructivo y de sanación.

“Si de veras queremos desplazarnos a un nuevo entorno para inducir el tipo de cambio que desearíamos en nuestra vida, pero lo diferimos, podría ser una buena idea considerar la posibilidad de trasladarnos a una zona del país”, del barrio o ciudad (según sea para ti) “completamente nueva”.

martes, 17 de mayo de 2011

Comprometerse con uno mismo


Extracto del libro “Hágase la luz, manos que curan 2” de Barbara Ann Brennan que remite a un pensamiento de W.H. Murray en su obra “The Scottish Himalayan Expedition”.


“Hasta que uno se compromete existe vacilación, la posibilidad de retirarse, y siempre la ineficacia.

Respecto a todos los actos de iniciativa (y creación), existe una verdad elemental, cuya ignorancia extermina innumerables ideas y planes espléndidos:
que en el preciso momento en que uno se compromete, también lo hace la Providencia.


Ocurren toda suerte de cosas que ayudan a uno que de otro modo no habrían ocurrido.

 Todo el torrente de sucesos surge de la decisión, acudiendo en auxilio de uno todo tipo de incidentes, encuentros y ayuda material imprevistos, que ningún hombre/mujer hubiera soñado que irían a su favor.

Yo he asumido un gran respeto por uno de los versos de Goethe:
 “ Sea lo que fuere lo que puedas hacer,
 o sueñes que puedes hacer, empiézalo.
 La audacia contiene genio, poder y magia”.”


Así que sigue el pálpito, haz que se cumplan tus sueños,
 camina el sendero que te marca el corazón,
donde sientes que todo te llena  que la felicidad está a cada paso,
 sean los obstáculos que te imagines en tu camino,
con tu determinación, voluntad y buena fe, serán barridos.

Cada uno tiene su blog, comprende a tu hijo o búscalo en red


¿Estás en el sitio adecuado?



Las energías terrestres como fundamento de la vida (título de un capítulo de “Hágase la luz, Manos que curan 2” de Barbara Ann Brennan.

Bien, no es lo que creías pero ya que estás leyendo esto sigue porque igual te interesa. ¿Estás a gusto donde vives? Es importante que lo que tienes alrededor te reflejen, sean tu yo. Mira un poquito más lejos, tu vecindario, tu edificio, tu barrio, tu ciudad. ¿Estás a gusto, te sientes bien?, ¿Tienes alguna sensación de otro lugar al que tendrías que ir, en el que tendrías que vivir?.

Cada ciudad tiene una esencia (y cosa curiosa también un horóscopo). Cada lugar de la Tiera posee una combinación de energético: es complejo, viene determinado por las configuraciones geológicas orgánicas e inorgáticas (edificios, plantas, minerales), de todas las pasadas y las que existen ahora, de las sociedades y actividades que se realizaron y se realizan, del campo magnético de la tierra y de los otros planetas que interactúan como energías.


En el feng shui chino tienen en cuenta la geománcia para elegir la localización beneficiosa de una residencia así como el diseño interior.

Vamos a ponerlo más fácil: ¿eres de playa o de montaña?, ¿te gusta la lluvia o el sol?, ¿te afectan las estaciones?.

“Algunas personas se sienten mejor por naturaleza, cerca del mar o cualquier extensión de agua, otras más a gusto en las montañas y otras en un desierto. Algunos prefieren el calor y la claridad constantes del desierto, sin lluvias; y otros un tiempo húmedo. 

Las tormentas elécticas, el ozono previo a la lluvia y las precipitaciones cargan y ayudan a despejar el campo aural, haciendo que la energía fluya más rápido a través del mismo”.
Bienvenidos a los de Bilbao que de lluvia estamos sobrados. 


Quizás la diferencia de personalidad  norte – sur (rapidez-lentitud trabajando) que se suele apreciar en los países cercanos al ecuador  tenga también que ver en esto además de que el “ calor agote”.

“El mar también carga la energía del aire, el aire húmedo y salado carga el campo aural y despeja de las frecuencias bajas o densas. Un paseo por la playa hace que el campo aural se dilate”.

Muchas veces vamos “al sol” a recargarnos de energía, como es el ejemplo de las vacaciones playeras. Así lo expresamos también: vamos “a cargarnos las pilas”. Al ponernos al sol recibimos energía. Si llueve durante mucho tiempo y está nublado, menos te carga y más malhumorado te pones. Quizás de ahí la proverbial sequedad de la gente del norte y la alegría de los del sur (al final todo se compensa). ¿Recibes sol suficiente o excesivo?.


La autora recomienda de hecho, unos veinte minutos de luz solar al día para conservar un buen nivel de carga.

“La sobredosis de sol que causa quemaduras en nuestro cuerpo físico queman también el primer nivel del campo aural, ya que los rayos solares hacen que se rompa y se parta en pequeños fragmentos como un cristal hecho añicos.
 La protección solar sólo bloquea los rayos perjudiciales pero no impide que el sol cargue su campo aural”. Aunque parezca incongruente es porque el primer nivel está ligado estrechamente a nuestro cuerpo físico y lo que nos daña éste también daña el áurico.


“La naturaleza carga el campo aural y lo equilibran con su entorno. En los escenarios naturales inalterados, hallamos nuestra sincronía natural con las energías del planeta.

Pasar varias horas a la semana en la naturaleza restablece el equilibrio entre tu campo aural y las energías terrestres.”

“Los árboles de un pinar vibran en una frecuencia muy similar a la del campo aural humano”: estate en uno de esos bosques o recóstate sobre el tronco de un pino del parque todo el tiempo que lo necesites.

“Las montañas nos ayudan a sentir la fuerza del reino mineral y a arraigarnos en esa fuerza para impulsarnos a las máximas alguras de nuestra conciencia”.

“EL aire limpio de un desierto nos invita a extender nuestro campo a largas distancias y a sentirnos más grandes, y para algunos, incluso más capaces de cómo éramos antes”.


“Los jardines, huertos y plantas nos ayudan a conectarnos con la Tierra, y suministran frecuencias de energías que nutre nuestro campo manteniendo la energía de una casa cargada, limpia y saludable”. También así lo que comemos.

“Nuestras preferencias varían en función de qué es compatible con las energías de nuestro campo aural y cómo queremos que fluyan”.


“Todos tenemos una idea del lugar donde nos gustaría vivir si pudiéramos”. Muchas personas les gusta vivir donde crecieron porque recuerdan con orgullo los parajes de su juventud y reproducen la conexión cuerpo-mente de la infancia.
 Otras personas, quizás con una infancia más difícil, comprueban que nuevos horizontes les sienta mejor en determinados momentos de su vida, como grandes ciudades con convergencia de energías e ideas (y también más de las densas).


 Lo que es normal para una persona puede ser una energía muy bjaa o alta para otra. Si elegimos el lugar de residencia de una forma más consciente (donde te sientas bien), estaremos en equilibrio no sólo energéticamente sino con nuestros planes de vida.

De hecho es muy habitual que un cambio en la vivienda (por dentro o por fuera), permita un reequilibrio energético, y un cambio de la vida de la persona constructivo y de sanación.

“Si de veras queremos desplazarnos a un nuevo entorno para inducir el tipo de cambio que desearíamos en nuestra vida, pero lo diferimos, podría ser una buena idea considerar la posibilidad de trasladarnos a una zona del país”, del barrio o ciudad (según sea para ti) “completamente nueva”.

Maitena horóscopos


sábado, 14 de mayo de 2011

Buscando el bienestar


Extracto del libro de Carlos Castaneda: "Viaje a Ixtlan"

-"¿Quiere usted decir entonces, don Juan, que el soñar es real?
-Claro que es real.
-¿Tan real como lo que estamos haciendo ahora?
-Si se trata de hacer comparaciones, yo diría que a lo mejor es más real. En el soñar tienes poder; puedes cambiar las cosas; puedes descubrir incontables hechos ocultos; puedes controlar lo que quieras.

-Tú no sabes lo que es el bienestar porque nunca lo has sentido -dijo.

Yo no estuve de acuerdo. Pero él siguió argumentando que el bienestar era un logro que debía buscarse deliberadamente. Dijo que lo único que yo sabía buscar era un sentimiento de desorientación, malestar y confusión.

Rió con burla y me aseguró que, para lograr la hazaña de sentirme desdichado, yo debía trabajar en forma muy intensa, y que era absurdo el que nunca me hubiera dado cuenta de que lo mismo podía trabajar para sentirme completo y fuerte.

-El chiste está en lo que uno recalca -dijo-. O nos hacemos infelices o nos hacemos fuertes. La cantidad de trabajo es la misma".